MESA EN MACONDO (Crónica de un desplazamiento anunciado)

by arturortegon

Me como un par de postres coloridos y horribles casi tan disonantes como las fotos que nos tomamos. No tuvieron más remedio que desplazarnos para que la Grande Dame y alias Chupeta ocuparan nuestros lugares. El sesenta y nueve siempre es más complicado cuando debes lamer culo. Esto solía ser el Teatro Faenza. La faena es cruenta e hipócrita y en la mesa técnica somos todos fans de los artistas de tele. Yo solo vigilo el vino y la oigo a ella. Nada más importa.

Los suficientemente pronto, allá afuera todos seguiremos tratando de contar historias y superarnos los unos a los otros, despectiva y protocolariamente. Todo es una réplica, una impostación; todo es horrendo y arribista. Somos una sociedad pobre y nuestra felicidad es que nos tiren dulces y nos tiren fotos y nos vuelvan estampitas.

¿A veeerr?

Recuerdo a Linda: “Hank, no tenemos que ser siempre los últimos en irnos de la fiesta”. Sonrío.

La verdad del alma se asfixia entre tanta impostación y toda esa ansiedad.

Todos somos miserablemente felices y resentidamente agradecidos y en esta mesa el vino empieza a acabarse.

Pasa El Embajador de la India; pasa El Abrazo de la Serpiente; pasa la dama más grande. Yo huelo bien por que aunque mis medias sean baratas, mi loción es cara. La reina se acerca y reconoce que me han desplazado. Es sin duda una mujer muy bella.

Alguien grita que va a empezar la película, debo buscar otro vino y voltearme a ver que putas pasa. Una nueva botella llega. Gracias, mesero lindo. No queda mucho más por decir, excepto tal vez…

¡ACCIÓN!

 

 

 

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