BUSCANDO A DIANA (Crónica de una charla anunciada)

by arturortegon

“Pues la tendrán que encontrar.”

La frase lapidaria pronunciada en tono matón me hizo bufar pasito y abandonar el familiar auditorio lleno de rostros conocidos y reconocibles.

Tuve que irme por que la suficiencia convertida en arrogancia de Diana, vocera de la ACA en esta charla convocada por la ACACC había alcanzado un tope exasperante. También por que debía recoger las llaves de la Carry en Vereda antes de las 6 para el karaoke. Pero esa es otra historia.

Antes de eso, Rodrigo llevaba unos buenos siete minutos explicando e iterando el porqué no es bueno homologar plataformas ni medios de interpretación actoral, confesando que su labor de productor de cine lo obligaba a trabajar a otro ritmo y estipulando que era injusto tratar su esquema de producción en igualdad de condiciones al del de una franja que vende comerciales cada quince minutos, cinco días de la semana a medio billón de videntes.

El productor estaba siendo articulado, conciso, conmovedor; nos llamo “compañeros de trinchera” a los actores y directores y productores y en gran medida logró evocar el verdadero romance que suele haber entre actores y directores.

En el cine, quiero decir, y esa es una diferenciación importante desde este y todo punto de vista. No existen relaciones tipo Eastwood-Leone en la tele. Y eso es por que la televisión, la original de canales, si bien ha cambiado en las últimas décadas para acercarse a los paradigmas de la televisión por cable, a su vez más cercana al cine, sigue siendo una fábrica, una planta de producción y un negocio para vender los productos de los anunciantes, que cada vez más son corporaciones gigantescas, que son los únicos que pueden costearlo.

El cine es distinto. Eso era lo que Rodrigo y Jorge, el tercer y último panelista, querían que Diana consintiera.

“Pues la tendrán que encontrar.”

No se que pasó después de que me fui, pero esa platica, y con platica quiero decir plática buscando el convencimiento de una querida actriz de las pantallas grande y chica de que ambas no son la misma, se perdió. Un poco por la intimidante fortaleza y testarudez de la interlocutora en mención (aún mientras escribo esto le tengo miedo. La imagino gritándome y yo haciéndome una bola e intentando no llorar), y de otro lado por que esta testarudez sumada a una sensación de desdén por todas las opiniones y solicitudes externas al sindicato, es el rastro que sigue quedando cada vez que el sector cinematográfico se reúne con la asociación de actores.

Por que tuve que comentarlo con más gente y preguntar. No seria justo escribir mi impresión sobre un tema a cuyo respecto llevo un buen rato esperando poder pronunciarme, basándome solo en un panel de dos horas que empezó media hora tarde.

No entiendo por que debe pasar esto de esta manera, pero el hecho es que desde que una revista de nombre macondiano trajo a la mayor luz los impedimentos que significaba la ponente Ley del Actor para la realización cinematográfica y para unas antecesoras y funcionales Leyes de Cine que hacen posible que exista cine colombiano, la tensión entre el sector cinematográfico y el joven sindicato actoral parece no decrecer y solo aumentar en controversias, rumores, desencuentros y oposiciones, entre laborantes casi idénticos y evidentemente simbióticos.

Colombia ha sido un país singularmente descuidado y desamparado para con sus singularmente buenos cine y actores, la televisión creció y mutó para alimentar a los grandes intereses y entre más crecían los grupos económicos que la sometían, más adelgazaba y erosionaba la televisión. Todos los argumentos de Diana, apoyada en un momento por un más ameno y empático Julio, eran y son ciertos.

Y ni siquiera argumentos, verdades de puño que no pueden causar más que indignación. Los canales de televisión masticaron hasta el tuétano y luego escupieron medio muertos a algunos de los más finos y mejores actores y actrices que nuestro país ha dado; un país de actores serios, de actores buenos, de buenos actores, buenos maestros, buenos dramaturgos e intérpretes que se han y nos hemos preocupado por estudiar, por entrenar, por sufrir un oficio grato e ingrato a la vez.

Y los actores de televisión en Colombia han sido explotados, maltratados y jodidos más allá de los límites racionales de manera sistemática y exponencial desde el siglo pasado.

Su indignación es más que justa.

Pero la indignación sola solo produce tensión, y eso es lo que está pasando, sobre todo con el cine, más antiguo en Colombia y en casi todos lados que la tele y, como intentó esgrimir Rodrigo, aliado de vieja data de la causa de los actores.

Mis tíos Gonzalo y Felipe de Girardot (que siempre quiere que todos estén contentos), por ejemplo, sostuvieron largas conversaciones con el sindicato y sus representantes y muchas de estas conversaciones derivaron en conceptos reproducidos posteriormente por la Mesa de Gremios del Sector Audiovisual Colombiano en el que de manera sensata se pedía un cambio de curso de acción en consideración a la actividad cinematográfica.

Diana y Julio, enfatizaron la literalidad de las palabras diciendo que es un PROYECTO-DE-LEY y que como proyecto aún está en construcción. Jorge respondió con toda la verdad de la lógica de su lado que lo único que existe ante la ley es lo radicado y que el texto radicado es ese controversial que exige, más o menos, voto y veto del sindicato para hacer una película en Colombia. Y aunque digan que la postura ha cambiado, el texto de la ponencia y el malestar permanecen, y muchos que han creído haber acordado algo con el sindicato se han sentido vulnerados por las inconsistencias.

Ahora, de ocho horas, quítele una por la mañana montando, una por la noche desmontando, una de almuerzo. Ni Jennifer Lawrence con toda la plata de Time-Warner detrás, podría hacer una película rodando cinco horas al día. No es viable. La diferencia de modelos es esa, el cine necesita días largos durante períodos cortos en locaciones específicas para contar 90 minutos de historia; la televisión puede servirse con días cortos durante largos periodos en locaciones genéricas o estudio para contar 100 horas de historia. Son ritmos distintos. Eso es lo que implora el productor cinematográfico en este panel.

“Pues la tendrán que encontrar.”

Y como dijo alguien, casi seguramente que Nicolas Cage, eres lo que amas y no lo que te ama a ti , y yo amo las películas y no he sido prostituido por la tele. No por falta de voluntad sino más bien de clientela. Entonces no puedo más que sentir a mi propio campo siendo matoneado por una madre orgullosa y actriz destacada, cuando manda a que el productor invente un sistema equiparable con lo que ella dice que su sindicato quiere de la televisión.

Siempre quise manifestarme al respecto por que soy actor. No pertenezco a la ACA, entre otras por que no he pasado por la copia de mi diploma donde el maestro Di Pietro, pero quiero serlo y espero no me rechacen por productor cuando presente mi solicitud.

Pero también soy director y como nadie me quiere, también me toca producir, y me aterra la posibilidad de que algún día no pueda intentar vender mi corto hecho con un celular, un disfraz de hombre lobo y cuatro amigos, por que mi producto no cumple con las exigencias de un sindicato.

Exagero para efecto, es cierto, pero esa es la percepción general que esta quedando de la postura del sindicato, que quieren fregar las películas, al punto que Harold dijo que si esto sigue así el futuro del cine colombiano sería la animación muda.

Y la audiencia solo quiere que no peleen entre quienes han sido aliados siempre. En este punto la percepción es la misma, que los Actores quieren joder a los Productores; que pobrecitos los Productores quieren ayudar pero los Actores no se dejan; que los Actores están siendo pobremente asesorados; que hay un Mico en el proyecto pero que los Actores dicen que no hay tal y que ya consideraron a los Productores pero el texto sigue igual es decir que la voluntad es aparente más no sincera. Es demasiado drama que deberíamos reservar para las escenas dramáticas.

Y no es justo ni práctico para dos sectores que han sido abusados y descuidados casi en igualdad de condiciones durante largo tiempo.

La Ley del Actor tiene además el potencial de abrir las puertas para más y mejores derechos y condiciones en todos los campos de la realización audiovisual; los actores como cabezas visibles podrían eventualmente ayudar a mejorar las condiciones de técnicos y empleados y asistentes que también son explotados y descartados, en todos los sectores de la producción audiovisual. La Ley del Actor podría ser, en su mayor esplendor, el primer movimiento para acabar con la maquila de la que habló Diana; podría ser más que un memorial de agravios, podría ser una declaración de principios para todos los que contamos cuentos para vivir.

El cine colombiano logro “organizarse” y hacerse “negocio” a partir de una ley que con todos sus problemas, buscó conciliar y reconciliar las dificultades de un sector para crear un aparato útil para la viabilidad de dicho sector. Y todavía queda mucho por ajustar, pero tratamos de seguir a flote. La invitación es que la ACA logre organizarse a partir de un espíritu conciliador y constructivo y sirva como catalizador de apoyo dentro del sector audiovisual.

La Ley del Actor no debería controvertir ni obstruir a su antecesora Ley de Cine ni equipar indiscriminadamente todas las plataformas de interpretación escénica.

Y Diana, tal vez sería chévere que pensaras en encontrarla juntos.

Y eso es todo lo que tengo que decir sobre eso.

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